Imagen en las redes sociales

En el contexto de hiperconexión a las redes sociales, la imagen tiene un peso enorme: subimos fotos, historias y videos compartiendo nuestro día a día, vemos poses repetidas y seductoras, encontramos influencers que tienen cuentas con millones de seguidores, abundan las personas que hablan a cámara sobre temas en los que opinan o se desarrollan profesionalmente, entre otras formas de estar en las redes.

Pero no todas las personas se ven representadas por igual en las plataformas. Los perfiles con más seguidores y más likes suelen ser aquellos que reproducen, promueven y monetizan los estereotipos de belleza hegemónicos. Algunos de estos son los mandatos de la delgadez, la piel perfecta y la juventud, entre muchísimos otros. Estos imperativos no son nuevos, se difundieron por medios tradicionales durante décadas y hoy aparecen constantemente en el celular. Esto repercute en mayor medida en las mujeres y en otras identidades feminizadas porque sobre ellas recaen con más fuerza los mandatos de belleza e imposiciones sobre el cuerpo.

Especialmente en la adolescencia, la enorme cantidad de imágenes de personas de apariencia hegemónica a la que se enfrentan en las redes sociales puede afectar cómo se sienten con su propia imagen. El estar atravesando la adolescencia implica inseguridades, crecimiento y cambios que conducen a afianzar la identidad, pero es una etapa de una gran inestabilidad y vulnerabilidad. Por eso es necesario que puedan poner distancia de los ideales y fortalecer su autoestima y valoración personal. 

¿Qué pasa con los filtros?

Las redes ofrecen filtros totalmente variados, con movimiento, con emojis, interactivos y otros que modifican el propio cuerpo, especialmente el rostro, por estar pensados para las selfies. Algunos son graciosos, como ponerse orejas y nariz de gato, y otros son casi imperceptibles: hay filtros que te rasgan los ojos, te dejan la nariz más fina, los pómulos elevados, o te hacen más delgado/a, entre miles de variantes. Muchos de estos filtros suelen representar a los ideales de belleza y las tendencias en estética del momento. 

Algunos datos:

  • Un tercio de las niñas y mujeres jóvenes no publicarían selfies sin usar un filtro para cambiar su apariencia (Girlguiding, 2020). 
  • El 39% de encuestados/as de entre 11 y 21 años, dijeron que se sentían molestos porque no podían verse iguales en la vida real que en internet (Girlguiding, 2020). 
  • El 68% de las mujeres usa filtros o aplicaciones para editar las fotos antes de subirlas (Bellamente, 2020). 
  • 3 de cada 4 mujeres presenta una alta preocupación por la imagen personal (Bellamente, 2020). 

Subir una foto con un filtro no parece gran cosa, pero estos números nos hablan de algo mucho más trascendente: en las redes sociales, hay una gran necesidad de editar y usar filtros para cambiar la apariencia real. Esto puede generar problemáticas como la dismorfia, donde se siente un gran descontento con el cuerpo, por comparar la imagen que devuelve el espejo y la virtual. 


La importancia de la educación crítica de medios y el trabajo desde la educación sexual integral (ESI) se vuelven esenciales para contrarrestar y problematizar esta realidad. Trabajar sobre la autoconfianza, el valor de las diferencias, los propios talentos y desnaturalizar las bellezas hegemónicas son líneas de abordaje para fortalecer la autoestima y hacer un uso crítico de las redes.

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