|
Badir
tenía doce años y se despertaba
todos los días antes de que saliera el
sol. Ni bien escuchaba que Golo, su padre,
preparaba las redes para salir de pesca, saltaba
de la cama y se vestía. Talima,
su mamá, que le conocía muy bien
los gustos, le preparaba para el desayuno coco
cortado rociado con miel.
Badir vivía en una isla llamada
Lavazul en la que no hacía ni calor
ni frío. Era como estar siempre en primavera.
Los chicos nunca se aburrían en aquel lugar:
o jugaban en los árboles o se metían
al mar o armaban carreras de cangrejos o ayudaban
a algún conocido que estuviera pintando
un bote.
Pero Badir vivía esperando el día
en que su padre lo llevara en su bote de pescador
al mar y.... ¡ese día no llegaba
nunca!
El papá le explicaba que el mar era peligroso,
que su barco no era un lugar seguro para un niño,
que podían perder el control si un pez
grande picaba el anzuelo, que...
El muchacho, entristecido, se quedaba todos los
días mirando cómo su padre atravesaba
las primeras olas y se internaba muy decidido
en el océano. "Mi papá no se
da cuenta que yo ya crecí, que soy fuerte
y que ya puedo acompañarlo en su barco
pesquero" - pensaba Badir.
Pero un día Badir dijo ¡basta!
Estaba decidido y a la mañana siguiente
se iba a dar el gusto. Su plan consistía
en...
|
|
|