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Del
tomate
La
palabra tomate deriva de la palabra azteca tomatl.
Fue un señor llamado Hernán Cortés el que
lo llevó a Europa en el siglo XVI, pero allá se confundieron
con la novedad: primero lo pusieron en los jardines porque lo consideraron
decorativo, luego una fruta venenosa, recién en el siglo
XVIII lo consideran dentro de la clase de las legumbres.
No se sabe muy bien cuando el tomate fue adoptado por la cocina
italiana, ya que en el año 1500 creían que era dañino
y nocivo. Allí se lo llamó pomodoro, aunque los primeros
que llevaron eran parecidos a manzanas color azafrán.
Pero alguien se animó y lo comió.
Más rápido que un rayo se difundió en toda
la costa mediterránea y fueron los napolitanos los encargados
de hacer conocer las bondades del tomate en la cocina italiana.
Ellos crearon la industria de las conservas y de allí se
abrió el camino hacia el centro y hacia el norte de Italia.
Y hoy no hay lugar en el mundo donde no se le aparezca a uno un
tomate.
Es rico en agua, aporta potasio, calcio y vitaminas A, B, y C.
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