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UN
CUENTITO:
Harina y amor
Cerca del mar vivía una gentil alma: un molinero. él
y su esposa molían juntos el grano que les traían
las personas de su pueblo. Era el caso que en todo el territorio
no había comunidad alguna en la que reinara tanta felicidad
como en esa. Sus compatriotas se maravillaban y se sorprendían
pues reconocían que algo anormal debía haber sucedido
para hacer a los miembros de esta comunidad tan singularmente sabios
y felices. Y aunque los habitantes del pueblo nacían, crecían
y se casaban y se hacían adultos y pasaban por la pantalla
de la vida, dentro de esa comunidad, nunca en toda su vida pudieron
entender el misterio.
Pues, esta noche correré la cortina y les diré qué
es lo que hacía a la gente tan feliz y próspera tan
alegre y sabia.
Era el servicio que prestaban el molinero y su esposa y el amor
que ponían en su harina, pues ese amor era llevado a cada
casa en los sacos de harina y se transportaba sobre las espaldas
de aquellos que patrocinaban el molino y después era horneada
para hacer el pan. En todos los alimentos el poder regenerativo
del amor que provenía del molinero y su esposa era irradiado
en la mesa y entraba en sus cuerpos físicos cuando comían
el pan.
Así como poder radiactivo, la energía de ese amor
vibrante era esparcido por toda la comunidad.
Los vecinos no sabían la razón de su felicidad y
ninguna de estas personas pudo descubrirla.
Pues algunas veces aunque viven unos al lado de los otros, los
humanos no son capaces de entrar en los secretos más simples
de sus semejantes.
Por la bobe Esfira
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