Medir una cosa es simplemente compararla con
otra. Cuando decimos que un clavo mide 2 centímetros,
por ejemplo, queremos decir que, al compararlo con una
línea de un centímetro de longitud, caben
dos de ellas a lo largo del clavo. Lo mismo sucede al
medir un peso, un tiempo, una superficie, o lo que sea.
Nos fijamos cuántas unidades de algo conocido
caben en lo que queremos medir.
En realidad, esto de medir los clavos en centímetros
no es nada más que un acuerdo entre la gente
(o lo que los científicos llaman una
convención). En vez de usar centímetros,
bien podríamos comparar el largo del clavo con
dedos, narices, o hasta pestañas. Podríamos
decir que el clavo mide 2 cm, 0,5 dedos o 10 pestañas.
Y todas serían correctas, si hicimos bien la
medición. Todo depende de qué elijamos
para comparar.
 |
|
|
¿Y por qué
hace falta ponerse
de acuerdo?
Imaginate qué pasaría si no existieran
las convenciones: entenderse con otra gente sobre cuánta
comida queremos comprar, cuánto mide una propiedad,
cuánto va a tardar alguien en venir o a qué
velocidad sopla el viento sería complicadísimo,
porque cada uno estaría hablando de algo diferente.
A decir verdad, hace varios cientos de años pasaba
algo bastante parecido. Cada persona, cada pueblo, cada
país comparaba las cosas con lo que más
se le antojaba. Algunos, por ejemplo, usaban
la medida “mano” para medir distancias.
Aún hoy mucha gente, cuando no tiene una cinta
métrica, mide la mesa con la mano o el largo
del cuarto con pasos. Y el problema es obvio: ¡los
pies, manos y brazos de cada uno tienen diferente longitud!
| |
 |
|
Franceses ordenados
En Francia, en épocas de la Revolución
Francesa (allá por el año 1789), los franceses
decidieron que ya era hora de ordenar las unidades de
medición diferentes. Y fundaron un sistema
de medición único. Para eso,
decidieron basar el sistema en cosas que se mantenían
estables en la naturaleza y no, por ejemplo, en el largo
de un brazo, que varía de persona en persona.
El sistema también establecía muchas unidades
que se conectaban unas con otras de manera lógica.
Por ejemplo, una vez definido el centímetro,
se definió al litro como el volumen de algo que
entra en un cubo de 10 cm. de lado. Y el kilogramo como
el peso de un litro de agua.
¿De dónde
salió el metro?
Una vez que se pusieron de acuerdo en elegir una unidad
de medición que no cambiara, a los científicos
les tocaba lo más difícil: encontrar una.
Algunos sugirieron que lo mejor era encontrar una unidad
que tuviera que ver con el planeta Tierra y a alguien
se le ocurrió: que la unidad de longitud sea
la diez millonésima parte de un cuarto
de meridiano terrestre.
 |
|
|
Un meridiano terrestre es la distancia de una vuelta
completa al planeta pasando por ambos polos. A ese número
se lo dividió por diez millones. El largo que
resultó de esa cuenta se usó para fabricar
una barra de platino. Y a la longitud de esa barra
de platino se la bautizó con el nombre
de metro, que empezó a ser la
unidad de todo el sistema de medición, también
conocido como sistema métrico.
Los franceses hicieron varias copias y guardaron el
metro patrón en una bóveda de seguridad.
A partir de ese momento, todas las mediciones fueron
comparaciones con esa barra de platino que siguen allí,
guardada en Francia. |