OPINION    
 


Tolerancia y desarrollo

Llama la atención cómo la humanidad –antigua y contemporánea—se ha dado a la tarea de encasillar como excluidos a grupos minoritarios culpables de nada, como se hizo en su momento con los negros, los indios, los pobres, los pequeños y los feos, entre muchos otros, y más recientemente con los homosexuales.

 

Por Gustavo Castro*

Los ladrones roban, los asesinos matan, los violadores causan un daño físico y psicológico en sus víctimas, ellos y algunos otros forman parte de la lacra, de la parte podrida de la sociedad mundial, por sus actos los conocen y por los mismos son juzgados y marginados. Sin embargo, me llama la atención cómo la humanidad –antigua y contemporánea—se ha dado a la tarea de encasillar en este mismo grupo de excluidos a grupos minoritarios culpables de nada, como se hizo en su momento con los negros, los indios, los pobres, los pequeños y los feos, entre muchos otros, y más recientemente con los homosexuales.

En el tema lésbico-gay hay aún mucho que decir, y muchas formas de pensar y de juzgar, cada quien tendrá su propio pensamiento y en particular, respeto cualquier posición pero obviamente no las comparto todas, ya que nunca voy a estar de acuerdo con la discriminación de seres humanos iguales a usted y a mí, y mucho menos de aquellos que no han cometido ningún delito.

La verdad referirse a la homosexualidad no es un tema sencillo ni fácil de tratar, hay mucha tela que cortar, y hay muchas posiciones encontradas, nunca faltará aquel que nos hable de la religión, otro del aspecto sexual, otro de lo mal visto que son estas prácticas por parte de la sociedad, en fin mucho camino por recorrer, pero a mi criterio, de origen la vida es muy difícil como para añadirle obstáculos y perjuicios innecesarios, yo soy partidario de las palabras del diputado costarricense Juan José Vargas, “Viva contento, no se complique”, entiendo que dos más dos son cuatro y que al gato no le debo de buscar cinco patas y, a todo esto, que el ser homosexual es simplemente una preferencia sexual y privada de cada quién, una alternativa, una escogencia, a usted quizá le guste leer, a mí me encanta escribir, al fin y al cabo... gustos son gustos.

Tampoco pretendo nadar contra corriente esperando que, de un día a otro, nuestra sociedad cambie su mentalidad pues lógicamente no es costumbre ver a personas del mismo sexo besándose en media calle o al menos dándose muestras de cariño, pero en realidad estamos en 2004 --siglo XXI-- y creo que ya es tiempo de formar una cultura de tolerancia y en dos platos: dejar de ser tan metiches en la vida de los demás.

Hace un par de meses, una actriz norteamericana de apellido Aniston realizó un comercial muy breve pero con mucho sentido y significado, apareció –al mejor estilo de los más enamorados--, deshojando una margarita y con la trillada frase “me quiere?, no me quiere?” y preguntó a los espectadores, “y a usted le importa si me quiere?”, a lo que según una encuesta, la mayoría de la gente dijo que no, el anuncio sigue y dice: “y cambia en algo si la que me quiere o no me quiere es una mujer?”, esa vendría a ser la pregunta más importante, la que usted debe plantearse hoy para descifrar que tan tolerante o metiche es.

En resumen, tras analizar este bonito y polémico tema, no he encontrado el gran problema por el que muchos siguen manifestándose en contra de los derechos de esta comunidad, que reúne a cerca del 20% de la población mundial, es decir que es una minoría significativa y no casos aislados y que aunque usted no lo sepa o no lo crea, su amigo, su vecino, su compañero de trabajo o su familiar podría ser homosexual, pero qué cambia eso? La respuesta solo usted la tiene, la bola está en su cancha.

* Gustavo Castro,
San José, Costa Rica.

 
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