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Cuando
el nombre no influye
Por
Carlos Souto*
Uno
cuando escucha a grupos tales como Catupecu Machu, los Babasónicos
o El Otro Yo, piensa disimulando la risa, ¿y esos nombres...?
De repente suena el primer acorde, el primer riff, el oído acepta
el sonido y los miembros del cuerpo desde los pies hacia la cabeza empiezan
a expresar en sordos movimientos el conocimiento de cómo bailar
esa música, lo cual no es raro y no se lo toma con seriedad apagando
el instrumento electrónico que emana la melodía. (Fin
de la primera experiencia)
Con
un cálido pero casi mudo saludo el chico despide a su madre, agarra
la campera y se dispone a recorrer galerías por cual sea el primer
negocio que se tropiece. Entra, medita, empieza a caminar y escucha de
vuelta ese acorde aunque antes lo detestaba y no le dio importancia, este
por casualidad pensada parecía incluso de un gran cuerpo y bello
sonido, de repente los labios se revelan y cantan como si por intención
la canción hubiera sido memorizada. (Fin
de la segunda experiencia)
En el transitar ve el símbolo de Catupecu
Machu, de repente el pensamiento de "cómo esos tres pueden
hacer música, solo mirá el símbolo", pero algo
adentro de él dice que es suyo, que le pertenece, el bajo precio
lo convence, lo compra y lo pone en la mochila.
(Fin de la tercera experiencia)
En
el colegio su mejor amigo le dice: "¡¡¿¿te
gusta eso?!!", piensa, recuerda ese acorde, ese riff y aunque se
lo ocultara de sus labios sale la frase: "Sí", porque
la pregunta lo había hecho darse cuenta que ese acorde lo hacía
acordar a ella, esa persona especial, dándose por cierto que lo
único que hacía al rechazar esos acordes era encerrarce
en una burbuja que no volaba a su altura. (Fin de
la cuarta experiencia)
Escúchenlos, es música.
* Carlos
Souto
Loma Hermosa,Argentina
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