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Todo ésto empezó entre el año 3500 y el 3100 a.C., de manera separada, en las ciudades de algunos estados de antiguas civilizaciones; en Sumeria (actual Iraq, Asia Menor), se empezó a escribir sobre tablillas de arcilla fresca; en Egipto, sobre algunas tumbas; y en Harappa (actual Pakistán), sobre cerámicas. Los libros egipcios se confeccionaban con papiro, un material bueno, pero frágil y poco durable; se hacían con tiras de una planta acuática, cruzada y prensada hasta pegarla y formar hojas lisas, unidas entre sí por largos rollos. Los griegos y romanos lo usaron, hasta que en el siglo II a.C., los primeros inventaron el pergamino de cuero de cordero o de cabra.
En la Edad Media (época de la historia), se empezaron a encuadernar las hojas de pergamino, poniéndoles tapas duras. Y el libro tomó la forma actual. En la antigüedad muy poca gente tenía libros porque eran muy caros (estaban escrito a mano) y porque la gente que sabía leer era escasa. En el siglo II a.C., el general e historiador Ptolomeo fundó la Biblioteca de Alejandría (Egipto), que llegó a tener 400.000 rollos de papiro, con obras de filósofos y científicos que eran consultadas por estudiosos de muchos países. Lamentablemente, se incendió durante una guerra en el año 47 a.C. Ya había unas librerías en Grecia, en el siglo IV a.C. En la Europa del siglo XV, los mismo impresores tenían locales para vender libros de oraciones y silabarios que se usaban para aprender a leer. Desde el siglo XV, en Europa, la imprenta y el papel simplificaron y abarataron la producción de los libros. Al mismo tiempo, a partir del Renacimiento se aumentó la alfabetización y así creció el público lector.
Pero el récord es de la Biblia: más de 2500 millones de ejemplares vendidos. El libro que estuvo muy cerca de pasarlo fue uno de la escocesa Joanne Rowling: "Harry Potter y el cáliz de fuego". Se califica como el más vendido después del primero. Novedades
En los tiempos en que los hombres no sabían leer ni escribir, cuando no había libros, tinta ni papel, ni lapiceras, las tradiciones de los antepasados, las leyes y las creencias no se conservaban en la biblioteca, sino en las personas. Las personas morían, pero las tradiciones sobrevivían a ellas, y se transmitían de padres a hijos. Al pasar de un oído al otro, las historias cambiaban un poco: se añadía y se olvidaba. El tiempo las pulía como el agua de un río pule las piedras. La leyenda de un valiente guerrero se convertía en la historia de un gigante, que no temía ni a los dardos ni a las flechas, que recorría los bosques como un lobo y volaba sobre la tierra como un águila. En los rincones más alejados del planeta hay todavía ancianas y ancianos que cuentan historias de las cuales no se hallarán jamás huellas escritas; estas historias son los cuentos de hadas y las leyendas. Hace mucho tiempo, en Grecia, se cantaban la Ilíada y la Odisea, que relatan episodios de la guerra entre los griegos y los troyanos. Y transcurrieron siglos antes de que se escribiera lo que se cantaba. Un cantante -o aeda, como lo llamaban los griegos- siempre era bienvenido a una fiesta. ¡Había que verlo, sentado, apoyado contra una alta columna, con el arpa colgado debajo de su cabeza! El banquete llega a su fin, los grandes platos de carne están vacíos, e igualmente vacías las cestas de pan. Los invitados están satisfechos y esperan el relato... El cantante toma su arpa, toca las cuerdas y empieza la larga historia del astuto Odiseo, o la de Aquiles, el más valiente en el combate..." - Adaptación de fragmento de "Historia de los libros". Fuentes:
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Victoria Sayago. 12 años
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