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Por María Buratti.- María Esther Sánchez de Gilla, una pasajera del barco Monte Cervantes, naufragado el 22 de enero de 1930, hace 70 años, cuenta su historia ahora que aumenta la expectativa para rescatar al buque.
Para la época, era la inauguración del buque, ella tenía 15 años y hacía 10 días que había partido de Buenos Aires para disfrutar del crucero de lujo con su familia. Antes de zarpar, un hombre dio una charla sobre varios naufragios ocurridos en esa ruta marítima, pero negó la posibilidad de que suceda con ese buque tan espléndido. Durante el período en que caían los objetos y partes del barco, los pasajeros recordaban la catástrofe del Titanic, donde murieron miles de personas. Afortunadamente en esta desgracia la única víctima fue el capitán. Aunque los lesionados tuvieron que esperar catorce horas antes de ser rescatados. Esta historia es parecida a la del Titanic, sólo que el capitán no quiso seguir viviendo, quizás para cumplir con su mandato: hundirse con el barco.
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