INFORMACION GENERAL    


Maximiliano Guerra

 

Por Nadia Mateos*

Para quienes aman la danza, ver a Maximiliano Guerra bailar significa sentir emociones que ningún otro bailarín actual es capaz de suscitar. La emoción que se advierte ante un paso perfecto, ante un cuerpo que vuela, ante un salto que parece desafiar las leyes de gravedad, es la que el joven bailarín argentino regala cada noche a su público.

Poseyendo un talento extraordinario y capacidades técnicas que lindan con la acrobacia, Maximiliano Guerra se ha afirmado en estos años como uno de los más grandes bailarínes del mundo. Su danza está hecha de rigor y de pasión, de disciplina y de instinto, de mesura y de genialidad. Intérprete de gran versatilidad, Maximiliano Guerra se distingue por el riguroso perfeccionismo que pone en cada paso que efectúa, por el respeto con que afronta los papeles más difíciles del repertorio clásico y por la humildad con la que se confronta con los más importantes coreógrafos contemporáneos. En escena, lo hemos visto varias veces transformarse en un príncipe elegante y apasionado, en un joven enamorado y atormentado, en un intenso intérprete de obras modernas, pero también, para no alejarse demasiado de su tierra de origen, en un sensual Tanguero.

Tras haberse formado en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires, con sólo 16 años, entra a formar parte del Ballet del Teatro Argentino de la Plata, donde interpreta, como primer bailarín, el rol de Don José en Carmen de Alberto Alonso.

En 1985, entra en el Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires, donde se da a conocer como intérprete sensible de grandes obras clásicas: Pierre Lacotte le confía el rol principal en La Sylphide, mientras que, bajo la dirección de Patricia Neary, interpreta The Four Temperaments de George Balanchine. El encuentro con John Clifford, que lo requiere para el estreno sudamericano de Dvorak Serenade, lo llevará a efectuar una larga tournée en los Estados Unidos, como artista invitado de Los Angeles Ballet. En 1988, el talento de Maximiliano Guerra queda definitivamente consagrado en Varna, donde gana la Medalla de Oro en la XIII edición del Concurso Internacional de Ballet. El mismo año, Peter Schaufuss lo nombra Principal Dancer del London Festival Ballet, con el que lleva a cabo numerosas tournées en Europa y América. Estos son los años en que Maximiliano se afirma como intérprete del repertorio clásico dando vida a los príncipes de El Lago de los Cisnes y de El Cascanueces, y exhibiendo su virtuosismo en otros grandes roles : Nápoli, Romeo y Julieta, Le Corsaire y Giselle.

En Enero de 1991, Maximiliano Guerra baila por primera vez el ballet Spartacus de Yuri Grigorovich con el Ballet de la Opera de Novosibirsk, convirtiéndose así en el primer bailarín no soviético en interpretar esta obra.

En el mismo año, pasa a desempeñarse como Primer Bailarín al Deutsche Oper de Berlín donde, aunque sigue interpretando los ballets clásicos, tiene la oportunidad de trabajar también con coreógrafos modernos (de hecho, baila en: Ring um dem Ring de Béjart, Agon de Balanchine, y Les Intermittances du Coeur de Roland Petit), demostrando poseer una gran versatilidad técnica y una madurez estilística completa. La colaboración con el Deutsche Oper continúa en los años siguientes, con la interpretación, entre otras, del estreno de La Bella Durmiente de Peter Schaufuss, El Pájaro de Fuego de Béjart, Theme and Variations de Balanchine y Ondine de John Neumeier.

El año 1992, supone para Maximiliano Guerra el principio de su extraordinaria carrera como invitado de las más prestigiosas compañías del mundo. Ese mismo año participa en una tournée del Kirov por los Estados Unidos interpretando La Bayadère, Romeo y Julieta y El Lago de los Cisnes. También en 1992, tiene lugar su encuentro con Rudolf Nureyev. Impresionado por el talento y por el virtuosismo técnico del joven bailarín argentino, Rudolf Nureyev lo señala al Teatro Alla Scala de Milano como protagonista de su versión de El Cascanueces. A finales de 1992 comienza la estrecha colaboración de Maximiliano Guerra con el Teatro Alla Scala como Primer Bailarín Invitado, donde interpreta en estos años las más importantes producciones de Nureyev y muchos otros roles de la tradición académica.

El otro "ternplo" de la danza con el que el bailarín mantiene una relación de constante colaboración es el Teatro Colón de Buenos Aires. Con este Teatro interpreta, entre otras cosas Onegin en la versión de John Cranko, y el estreno mundial de El Reñidero de Julio López junto a Maya Plissestkaya.

También es habitual la participación del bailarín con el Ballet de Stuttgart y con el Ballet de Hamburgo, gracias a una ardua cooperación artística con el Director John Neumeier que ha creado para él Nachtskizzen (Bartók-Bilder).

Muy unido a su tierra de origen, (desde 1989 es Embajador de la Cultura Argentina en el mundo), Maximiliano Guerra ha trabajado a menudo con artistas y coreógrafos de su país. Entre estos: Oscar Aráiz, quien creó para él el rol de Astor Piazzolla en Astor, El Ángel y El Diablo, presentado en el Teatro dell'Opera di Roma, y del que ha interpretado recientemente Con Gloria Morir, sobre músicas nacionales argentinas.

En su carrera, Maximiliano Guerra ha actuado en los más prestigiosos teatros del mundo, desde el Bolshoi de Moscú hasta el San Carlo di Nápoli, desde el Royal Albert Hall de Londres al Metropolitan Opera House de New York, del Kirov de St. Petersburgo al Kennedy Center de Washington.

Entre los trofeos más famosos, además de la ya citada medalla de oro de Varna, Maximiliano Guerra ganó, entre otros, el Grand Prix Ciudad de Trujillo en Perú, la Medalla de Plata del New York Intemational Ballet Competition, el Premio Gino Tani y el premio Positano Leonide Massine de Italia. Además de estos premios como artista, Maximiliano ha sido galardonado también por su empeño social, entre ellos la distinción The Winners don't use Drugs y el Reconocimiento Internacional de las Naciones Unidas por su colaboración en la Campaña para el Medioambiente y por su apoyo a la Paz en el Mundo.

Aún ocupando un lugar de privilegio en la danza mundial, a Maximiliano Guerra le anima el deseo constante de seguir creciendo, afrontando "personajes" siempre nuevos y colaborando con diversos coreógrafos; su repertorio incluye hoy más de noventa obras, desde los grandes textos clásicos hasta las piezas de vanguardia.

El talento del bailarín argentino ha obtenido la aprobación unánime y elogios de los más importantes críticos de danza: en las páginas de Le Figaro René Sirvin lo ha definido "un milagro de belleza y de virtuosismo" y, en otra ocasión afirmó, "no hay palabras para traducir sus empresas, no hay diccionario que pueda describir las proezas que lleva a cabo, simplemente porque es el único en el mundo que las puede realizar".

En las páginas de La Gazetta del Mezzogiorno Nicola Saisá ha escrito: "Guerra, atlético y poderoso, parece llegar de otro planeta de la danza, sus saltos, sus tour en l'air rozan lo increíble, sus piruetas son remolinos que quitan el aliento, pero todo ocurre sin aparente esfuerzo, después de haberse librado en el aire con una duración increíble vuelve a bajar con la levedad de una pluma", y Alberto Testa, crítico de La Repubblica, usó palabras similares para describir su danza: "Guerra es la paz de tina danza alada, vuela, se queda suspendido en el aire, vuelve a descender tras haber sentido la emoción de lo sobrenatural, y regresa al suelo, con la misma calma entre los mortales, divino y espectacular".

Elisa Vaccarino, en Il Giorno, define a Guerra como un bailarín "romántico, elegante, que exhibe grandiosamente todo tipo de virtuosismos", mientras que Sonia Sarno para Alba dijo: "es uno de esos rarísimos bailarínes capaces de arrastrar al público, de entusiasmarlo sin reservas, incluso de desconcertarlo con sus proezas técnicas y su impecable virtuosismo sorprendente. Y con la pasión, típicamente sudamericana que sabe infundir a los roles que interpreta".

Tambien André-Philippe Hersin en las páginas de Les Saisons de la Danse ha dicho: "Guerra muestra una imagen perfecta de lo que tiene que ser el bailarín del siglo XXI, técnica espectacular, pero al mismo tiempo conciencia de nuestros tiempos, sin olvidar ese carisma indispensable que lleva a la popularidad". Rocco de Palma en Italia Sera ha escrito: "Nunca en nuestro máximo Teatro, (Teatro dell'Opera di Roma), se había visto tanto protagonismo, que surge de una combinación perfecta entre virtuosismo extremo, elegancia de movimientos y capacidad interpretativa controlada".

De él la crítica Vittoria Ottolenghi ha dicho: "Es el mejor del mundo en sentido absoluto actualmente", pero sin duda las palabras más significativas siguen siendo las de Rudolf Nureyev, que cuando lo vio bailar por primera vez dijo: "Es como yo a los veinte años, quizás mejor".

 

FUENTES: www.maximilianoguerra.com

* Nadia Mateos, 12 años
Argentina

 

 
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