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Paraguayos sobrevivientes al ataque en New York

 

En el momento del atentado contra las Torres Gemelas, Lourdes Frutos se encontraba en el piso 78, Héctor Jojot estaba en el 85 y Pablo Fadul, en un edificio vecino, cuyos cristales se rompieron por la onda expansiva. Sus historias son distintas, pero tienen un mismo final: salvaron sus vidas.

"El día era como cualquier otro. Quién iba a imaginarse que pasaría lo que pasó. Yo me acostumbro ir a las 8:30 de la mañana a la oficina, pero ese día fui un poco más temprano porque tenía mucho trabajo pendiente", recuerda Lourdes Frutos (29), una paraguaya que sobrevivió milagrosamente al derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York. Héctor Jojot y Pablo Fadul son otros paraguayos que afortunadamente lograron salvar sus vidas; en cambio, Obdulio Ruiz Díaz y Carlos Alberto Samaniego, lastimosamente, siguen en la lista de desaparecidos hasta este momento.

Una miss que se escapó de entre los escombros
Hace cinco meses, Lourdes Frutos (Miss Fotogénica de Miss Paraguay 1993) viajaba a los Estados Unidos para estudiar inglés y hacer un entrenamiento laboral en la ciudad de los rascacielos. Justo le tocó ocupar una oficina en una de las Torres Gemelas, en el piso 78. Todo un logro. Jamás pensó que meses después allí se produciría una de las mayores catástrofes del mundo. "Normalmente, cuando ocurre un accidente o cualquier otro tipo de hecho que lamentar, la gente tiene su historia de que pudo haberse quedado en su casa por algún motivo. Por ejemplo, pero en mi caso, no tenía nada que pudiera evitar que ese día me fuera a la oficina. Estaba muy tranquila hasta que a las 08:45 hs. sentí un gran temblor", recuerda.

En ese momento, el avión se incrustraba en la primera torre; ella estaba en el piso 78. "Todo el edificio se movía y en principio creo que nadie entendió qué era lo que pasaba. Después del impacto, salimos todos a mirar en la ventana, pero era todo tan confuso. Algunos se tiraban al vacío, otros gritaban en medio de su desesperación". En ese momento Lourdes comprendió que estaba muy cerca de la muerte y, mientras frente a sus ojos se cruzaban personas con las ropas quemadas y ensangrentadas, agarró el teléfono y llamó a su marido, quien estaba en Paraguay, aún sin enterarse de la noticia. "Mi amor, te amo, amo a nuestro hijo, cuídalo mucho, yo estoy bien, estoy bien", le tiró esta confusa frase y el teléfono se cortó. Cinco minutos después, el confundido marido recibió la llamada de su suegra, quien entre llantos le pidió que prendiera el televisor. Allí se inició la pesadilla en Asunción.

"No me sentía yo, estaba confundida. Corrimos todos hacia la escalera y bajamos a la velocidad que podíamos. Todos sabíamos que estábamos muy cerca de la muerte, pero la naturaleza de supervivencia que tenemos es muy fuerte. Creíamos en la posibilidad de escapar del terror que se vivía dentro del edificio", dijo Lourdes en un tono de intenso dolor.

Después de una hora y minutos de bajar las escaleras, llegó a la planta baja. "Uno puede imaginarse en lo cansador que sería hacer todo ese recorrido en escaleras, pero en un momento de terror como el que vivimos, nadie pensó en el cansancio. El pánico provoca distintas sensaciones. Cuando llegamos a la plataforma de la torre, que habrá sido alrededor de las 10:15, vivimos otro momento muy fuerte, muy doloroso. Vimos algunos cuerpos destrozados en la calle", relató. Allí, entre toda la gente que logró evacuarse, sorteó metales, vidrios rotos y llegó al subsuelo por donde pasan los trenes. "Yo me tomaba de la mano con una compañera y, de repente, una ráfaga de viento me tiró contra la pared. Ahí se vino todo para abajo y fue todo oscuro. Yo me desmayé y no sé en qué momento desperté".

Cuando abrió los ojos, se encontró con polvos que le cubrían todo el cuerpo y partículas de vidrios en su rostro y manos. "Estaba asustada, no sabía qué era lo que me pasaba, no veía nada. De repente apareció un bombero con su linterna y me ayudó. Buscamos una salida y horas después de estar entre los escombros logré salir por un agujero. Afortunadamente, no me rompí nada y podía correr. Entonces, después de tomar la calle, corrí".

Por el camino, según comentó, se encontró con una mujer policía que la metió en el hall de un edificio donde le derramó agua para sacarle todo el polvo que tenía. "Allí apareció un señor y nos dijo que saliéramos afuera, que estábamos en una propiedad privada. Salimos y casi detrás de nosotros se derrumbó ese edificio; me salvé por segunda vez". Indudablemente, el milagro existe.

A las 14:30 aproximadamente, cuando ya se sentía a salvo, pero aún en estado de shock, Lourdes tomó el teléfono y llamó a su esposo. Por fin, la tranquilidad llegó a su familia que estaba entre llantos y rosarios.

Estadía poco feliz en la Gran Manzana
La familia Fadul Niella también pasó momentos de pánico ante la posibilidad de que Pablo Fadul pudiera haber sido una de las víctimas. El estaba en el edificio American Express, que forma parte del complejo de las Torres Gemelas. "Yo me encontraba cerca de la ventana, en mi oficina, cuando el edificio se sacudió", relató Pablo a través del teléfono mientras se trasladaba por una autopista junto a su familia de regreso a Miami. Mientras tanto, su esposa y sus hijos Valentina (5) y Mauricio (3) estaban desesperados por saber cómo estaba el papá. "Se sintió la vibración de los vidrios, incluso se rompieron algunos cristales de otros edificios adyacentes. Fue un susto muy grande", recuerda.

Mientras tanto, Pablo había llegado hacía unos días nada más a Manhattan. "Estaba de paso nada más, ya que me mandaron de Miami para hacer un entrenamiento allí".

A diferencia de los demás paraguayos, por ser nuevo en la zona, Pablo no perdió ningún conocido. "Era aún breve el tiempo que llevaba allí; no llegué a tener ningún conocido en las Torres Gemelas y, en el edificio en el que estaba, las personas a las que llegué a conocer, afortunadamente, tampoco sufrieron lesiones. Después me informé y me enteré de que algunos compatriotas se salvaron; me puse contento por ellos y por sus familiares, principalmente", relató.

Los familiares de Pablo tuvieron más suerte que los demás sobrevivientes paraguayos porque no esperaron demasiado tiempo para comunicarse con él. "Primero hablaron con un amigo, antes de que pudieran contactar directamente conmigo. Las líneas estaban muy congestionadas", relató. "Me siento muy apenado por todo lo que ocurrió, pero la vida continúa, y los que quedamos tenemos que seguir luchando para tener un mundo mejor", reflexiona.

Fuente: Revista TeVeO

* Carmen Arias, 12 años
Asunción, Paraguay

 

 
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