¡Ay, los y las jóvenes que se la pasan mirando el celular!

Algo bueno (también) está pasando…

Nos quejamos de la adicción que tienen los chicos y chicas con estos parásitos con pantallas que viven a costa de la humanidad. Creemos que pierden el tiempo, que se dispersan, que no se concentran en el estudio, que publican cosas riesgosas para su integridad.

¡Todo mal! ¿O no?

Hoy vamos a hacer el esfuerzo de salir de la zona de confort del “todo tiempo pasado (y sin conexión) fue mejor” y daremos una mirada diferente a la irrupción de los medios digitales en la vida de los niños, niñas y adolescentes. 

Lo primero que vemos, si nos sacamos el prejuicio tecnofóbico, es que hay muchas cualidades  positivas que habilita el “ecosistema digital” en el que vivimos inmersos.  Carlos Scolari, investigador argentino, es el titular del proyecto Transmedia Literacy, en el cual a partir de una investigación en doce países, diseñó un “mapa de competencias transmedia” donde despliega las potencialidades que pueden desarrollarse cuando se interactúa con los medios digitales.

Es importante que destaquemos la palabra POTENCIAL, porque lo que se visibiliza no son habilidades innatas o que se dan sólo por el hecho de tener un celular en las manos, sino las posibilidades existentes a las que se pueden arribar según el capital cultural y educativo con que cuenta cada joven.

Si a estas potencialidades les sumamos dos características típicas de la adolescencia –  la condición innata de ser contestatarios y la necesidad de agruparse entre pares – , ¿qué puede suceder?

La respuesta probablemente ya la hayan adivinado a esta altura y es ¡muchas, muchísimas cosas! Pero una, paradigmática y novedosa de estos tiempos que corren es lo que se llama el “activismo digital”. Este concepto remite a la organización de jóvenes a través de las redes sociales para luchar por una causa en común. Nuclea diferentes movimientos que surgieron  en los últimos años donde se exigen soluciones y respuestas efectivas. El ejemplo actual a nivel planetario es el de una joven sueca llamada Greta Thunberg, de 16 años, que comenzó en agosto del 2018 a sentarse frente al parlamento de su país exigiendo un compromiso real de las autoridades en relación al cambio climático. Todos los viernes invita a los y las jóvenes del mundo entero a que se nucleen frente a las dependencias gubernamentales para exigir el compromiso con leyes concretas. Hoy en día, #FridaysforFuture tiene miles de  seguidores, y el mapa con las actividades que desarrollan alrededor del mundo es sorprendente.



 ¿Hubiera sido posible este proceso sin las redes sociales? Sí. En la historia de la humanidad hubo grandes movimientos juveniles. Pero tardaron semanas, meses en poder hacerse masivos. Y nunca lograron ser planetarios. La viralización, la inmediatez de las redes, está mostrando su veta positiva.

#FridaysForFuture no es un caso aislado. Hay miles de colectivos que, sin la visibilidad mundial que logró Greta, están organizándose y dando a conocer sus mensajes.

¿Y si las y los jóvenes ya hacen todo eso solos, necesitan de los adultos?

Estoy convencida de que el rol de las personas responsables de la crianza y la educación en la sociedad conectada es el mismo rol de siempre: ayudar a discernir, a respetar, a crear, a desarrollarse plenamente. Con medios digitales o sin ellos, debemos acompañar a las generaciones venideras a construir nuevos modos de habitar este mundo imperfecto que, inevitablemente, heredarán.

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