 |
|
Por
Camila Behar |

 |
Si hablamos de estrellas,
imposible no mencionar a la más importante de todas, al menos para
los habitantes de la Tierra: el Sol, el astro más cercano a nuestro
planeta.
El sol se formó hace 4.650 millones de años y tiene combustible
para 5.000 millones más. Después, comenzará a hacerse
más y más grande, hasta convertirse en una gigante roja.
Finalmente, se hundirá por su propio peso y se convertirá
en una enana blanca, que puede tardar un trillón de años
en enfriarse.
Sus dimensiones son las de una estrella media, con un radio de
700.000 km equivalente a algo más 100 veces el radio de la Tierra,
y contiene más del 99% de toda la materia del Sistema Solar.
La masa del sol es aproximadamente 300.000 veces superior a la masa de
la Tierra y la temperatura superficial del Sol alcanza los 600 millones
de tn de hidrógeno por segundo, produciendo energía nuclear.
En ese proceso pierde 4 millones de tn de su masa, que escapa en forma
de energía y luz. Esta energía conduce partículas
atómicas y subatómicas en todas direcciones; este conjunto
de partículas es lo que se conoce como el Viento Solar,
que se desplaza con velocidades de entre 400 y 700 km/s. Muchas de las
partículas del Viento Solar son atrapadas por los planetas y, en
el caso de la Tierra, se las observa en las auroras boreales.
Pero también absorbe materia; su tamaño y la fuerza de su
campo gravitacional atraen asteroides y cometas que pasan cerca, los cuales
cuando caen al Sol, se desintegran y pasan a formar parte de la estrella.
El Sol rota sobre sí mismo con diferente velocidad a distintas
distancias de su ecuador; es decir no gira en forma uniforme como
la Tierra. Por el contrario, su velocidad de rotación es mayor
en el ecuador y va disminuyendo hacia los polos. Así en el ecuador
solar el día dura unos 25 días terrestres; a 45º de
su latitud, dura 28 días; y en sus polos, unos 35 días.
Con precaución
Jamás hay que mirar directamente al Sol, ni siquiera utilizando
anteojos espejados. Las radiaciones ultravioletas que transportan
sus rayos pueden ser tremendamente perjudiciales para la vista. Ni siquiera
los astrónomos miran directamente al Sol para estudiarlo.
|
|
|